La situación de incertidumbre que vivimos hace días parece haber encontrado un punto de inflexión. El paro general anunciado por la CGT no es solo una medida de fuerza; es un paso adelante que abre una luz de esperanza para recuperar la confianza del movimiento obrero en sus propias fuerzas. Se requiere profundizar la unidad y las medidas para frenar el ataque al movimiento obrero en su conjunto.
El acierto estratégico: El transporte como eje
Que el paro de 24 horas sea total y sin transporte es la clave del éxito. Cualquier medida que garantice parcialmente el movimiento de pasajeros termina relajando la protesta y, lo que es peor, deja desprotegidos a los más de cinco millones y medio de trabajadores informales. Sin transporte, el trabajador precarizado no “decide” faltar (exponiéndose al despido), sino que se ve amparado por una razón de fuerza mayor.
Esta parálisis total asegura la contundencia de la medida y golpea donde más duele: el bolsillo de las patronales. En una sola jornada sin actividad, las pérdidas se cuentan por miles de millones de dólares, una presión real y tangible sobre los sectores que hoy empujan el ajuste.
Presión sobre el Congreso
El acatamiento total funciona como una advertencia directa a los diputados que deben decidir sobre la media sanción. Mientras los aliados del gobierno intentan maniobrar con el quórum o recortar artículos —como las licencias por enfermedad— para dilatar el debate, la calle demuestra que no hay margen para el retroceso.
Quienes critican la falta de transporte que garantice una movilización simultánea ignoran la realidad de la “marea informalizada”. En este contexto, el paro total es la herramienta más solidaria: permite que aquel que no tiene representación sindical también pueda frenar.
La conducción y la base
Aunque lo ideal hubiera sido un esquema de paro y movilización escalonada durante el tratamiento de la ley, no podemos ignorar que esta conducción de la CGT se ha visto desbordada por el malestar social. Incluso sectores de la burguesía y multimedios vinculados a Macri y Magnetto que disputan con el gobierno otros negocios han comenzado a ventilar “artículos cuestionables”. No lo hacen por filantropía, sino porque no están dispuestos a entregarle una victoria absoluta a Milei en bandeja de plata, aunque acuerden de fondo con la reforma antiobrera.
Recuperar la iniciativa
El paro volverá a demostrar la potencia de los sindicatos por rama y del movimiento organizado, más allá de las vacilaciones de sus dirigentes. Como bien sabemos: se puede caer derrotado y perder conquistas, pero lo que es inadmisible es perder derechos sin dar batalla. La falta de lucha hiere la confianza; la acción colectiva la reconstruye.
Apoyamos este freno total a la economía y también la movilización a la que convoca el FreSu. Toda reacción suma cuando el objetivo es frenar un proyecto anti-obrero.
Hoy, la sola posibilidad de que el debate se posponga reabre condiciones de lucha que la semana pasada parecían perdidas.
Como nos enseñó la historia: la única lucha que se pierde es la que se abandona.
