Por Gustavo Vera
Convergencias para una civilización del bien común.
La encíclica Laudato Si’ del papa Francisco (2015) constituye uno de los documentos más significativos del pensamiento social contemporáneo sobre la crisis ecológica y civilizatoria. Su diagnóstico sobre el deterioro ambiental, la desigualdad social y la crisis cultural del paradigma tecnocrático ha sido interpretado como una propuesta integral de reorganización del desarrollo humano.
En América Latina, sin embargo, muchos de sus postulados encuentran resonancias doctrinarias en tradiciones políticas previas. En particular, el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional formulado por Juan Domingo Perón en 1974 presenta notables convergencias conceptuales con la perspectiva de Laudato Si’. Ambos textos, a su vez, se inscriben dentro de un marco más amplio constituido por la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente en torno a los principios del bien común, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la función social de la propiedad.
El objetivo de este trabajo es analizar esas convergencias en torno a cuatro ejes fundamentales: la centralidad de la persona humana en la organización económica y política, la crítica al paradigma del lucro inmediato y la anarquía productiva, la cuestión ecológica y la justicia climática, y la dimensión ética y cultural de una nueva civilización del bien común.
1. Centralidad de la persona humana y subordinación de la economía
Uno de los principios fundamentales de Laudato Si’ es la afirmación de que el ser humano debe ser comprendido como administrador responsable de la creación y no como su dominador absoluto. En consecuencia, la economía y la política deben ordenarse al servicio de la vida humana y del bien común.
Esta concepción coincide con la perspectiva desarrollada por Perón en el Modelo Argentino, donde se sostiene que la producción económica debe orientarse a la satisfacción de las necesidades humanas y no al beneficio inmediato. La crítica al lucro como principio ordenador de la sociedad constituye, en ambos casos, un cuestionamiento al paradigma económico dominante.
Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, esta convergencia se inscribe en el principio de la primacía de la persona sobre el capital, formulado desde Rerum Novarum (1891) y desarrollado posteriormente en documentos como Quadragesimo Anno (1931) y Caritas in Veritate (2009). La economía, en este marco, debe ser comprendida como una dimensión de la vida social subordinada al desarrollo integral de la persona.
2. Anarquía productiva, planificación y crítica al “dios mercado“
Tanto Laudato Si’ como el Modelo Argentino de Perón identifican en el funcionamiento del capitalismo contemporáneo una dinámica de anarquía productiva, caracterizada por la competencia desregulada, la financiarización de la economía y la subordinación de la política a los intereses del capital.
Perón proponía superar esta situación mediante una forma de democracia social con planificación económica, capaz de orientar la producción hacia las necesidades colectivas. Francisco, por su parte, denuncia el dominio del “paradigma tecnocrático” y critica la confianza excesiva en la autorregulación del mercado.
En este punto, ambos cuestionan la llamada teoría del derrame, según la cual el crecimiento económico concentrado terminaría generando bienestar general sin intervención estatal. La experiencia histórica muestra que, lejos de producir equilibrio social, este modelo ha contribuido a profundizar las desigualdades.
La Doctrina Social de la Iglesia ha señalado reiteradamente que el mercado no puede ser considerado un mecanismo autosuficiente para garantizar la justicia social. El principio de subsidiariedad debe articularse necesariamente con el principio de solidaridad, lo que implica la presencia activa de instituciones políticas capaces de orientar el desarrollo económico hacia el bien común.
3. Crisis ecológica, calentamiento global y responsabilidad intergeneracional
Uno de los aportes más innovadores de Laudato Si’ es la articulación entre la cuestión social y la cuestión ecológica bajo el concepto de ecología integral. El documento identifica fenómenos como el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la degradación de los ecosistemas como síntomas de una crisis sistémica del modelo de desarrollo contemporáneo.
Estos procesos tienen profundas consecuencias sociales. La degradación ambiental afecta con mayor intensidad a los sectores más vulnerables y profundiza la desigualdad global. Por esta razón, Francisco sostiene que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental“.
Aunque el debate científico sobre el cambio climático se desarrolló plenamente décadas después, el pensamiento de Juan Domingo Perón ya advertía sobre los riesgos civilizatorios de un modelo de desarrollo basado en el consumo ilimitado y el despilfarro de recursos naturales. En el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional (1974), Perón afirmó que la lucha por la liberación nacional incluye necesariamente la defensa de los recursos naturales y del equilibrio ecológico:
“La lucha por la liberación es, en gran medida, la lucha también por los recursos y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados.“
En el mismo marco conceptual, Perón advertía sobre los peligros del consumismo característico de las sociedades industrializadas, al señalar que:
“Las mal llamadas sociedades de consumo son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo basados en el gasto, porque el gasto produce lucro.“
Este diagnóstico se complementa con su advertencia acerca de la creencia errónea en la infinitud de los recursos naturales:
“Debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse.”
Estas afirmaciones adquieren una notable actualidad a la luz de la crisis climática contemporánea. Tanto en el pensamiento de Francisco como en el de Perón aparece la idea de que la humanidad enfrenta una crisis civilizatoria provocada por un modelo económico que trata a la naturaleza como un recurso ilimitado y subordinado al lucro.
En consecuencia, ambos enfoques convergen en la necesidad de reemplazar esa lógica por una racionalidad basada en la responsabilidad intergeneracional, es decir, en la obligación de custodiar los bienes de la creación para las generaciones futuras
4. Consumo, desigualdad y crítica al paradigma consumista
La lógica productiva orientada al lucro inmediato genera, según ambos documentos, una profunda distorsión en la estructura del consumo. Por un lado, se estimula el consumo superfluo y trivial; por otro, amplios sectores de la población carecen de los bienes esenciales para una vida digna.
Esta situación produce simultáneamente sobreconsumo y pobreza, un fenómeno que Francisco describe como parte de la “cultura del descarte”. Perón había advertido ya sobre los efectos alienantes del consumismo y el papel que los medios de comunicación concentrados pueden desempeñar en la promoción de estilos de vida basados en el consumo ilimitado.
La alternativa propuesta en ambos casos consiste en reorientar la producción y el consumo hacia las necesidades reales de la sociedad, mediante una planificación que garantice el acceso universal a los bienes fundamentales.
5. Desarrollo desigual, deuda ecológica y cooperación internacional
Otro punto de convergencia se encuentra en el análisis de las asimetrías estructurales del sistema internacional. Tanto Francisco como Perón sostienen que el crecimiento de los países más desarrollados ha estado asociado históricamente a la explotación de recursos naturales y humanos de las regiones periféricas.
Laudato Si’ introduce el concepto de deuda ecológica, señalando que los países industrializados tienen una responsabilidad particular en el deterioro ambiental global. Desde esta perspectiva, el desarrollo futuro requiere mecanismos de cooperación internacional que permitan equilibrar estas desigualdades.
Perón, por su parte, proponía la unidad de los países periféricos como estrategia para incidir en el orden mundial emergente. En el contexto latinoamericano, esta idea se traduce en la necesidad de procesos de integración regional que permitan a los países del sur fortalecer su capacidad de negociación y promover un desarrollo más equitativo.
6. Tierra, techo y trabajo: dignidad humana y justicia social
La formulación de las tres T -tierra, techo y trabajo- propuesta por Francisco sintetiza un conjunto de derechos sociales fundamentales que deben ser garantizados por toda organización política orientada al bien común.
Este planteo guarda una clara correspondencia con el concepto de justicia social desarrollado por el peronismo, según el cual cada familia debe contar con las condiciones materiales necesarias para vivir con dignidad.
Ambos enfoques coinciden en que el acceso a estos bienes no puede quedar librado exclusivamente a la lógica del mercado, sino que constituye una responsabilidad colectiva de la sociedad organizada.
7. Propiedad privada, función social y destino universal de los bienes
La Doctrina Social de la Iglesia sostiene que la propiedad privada es un derecho legítimo, pero subordinado al principio del destino universal de los bienes. En este sentido, toda propiedad posee una función social.
Esta concepción es compartida por el pensamiento peronista, que reconoce la legitimidad de la iniciativa privada y del beneficio empresario, pero rechaza que el lucro se convierta en el objetivo último de la actividad económica.
La economía, desde esta perspectiva, debe orientarse al bien común y garantizar que los recursos de la sociedad contribuyan al desarrollo integral de todos sus miembros.
8. Identidad cultural, globalización y ecología cultural
La globalización plantea desafíos no sólo económicos, sino también culturales. La homogeneización cultural puede erosionar identidades colectivas, tradiciones y formas de vida locales.
El Modelo Argentino ya advertía sobre el riesgo del colonialismo cultural en el proceso de universalización. Laudato Si’, por su parte, desarrolla el concepto de ecología cultural, subrayando la importancia de preservar las culturas de los pueblos como parte del equilibrio social y ambiental.
En este sentido, una globalización justa debe ser capaz de articular la cooperación internacional con el respeto por la diversidad cultural.
9. Ética del poder y conversión cultural
Finalmente, ambos documentos coinciden en que el ejercicio del poder debe entenderse como servicio al pueblo y no como mera búsqueda de dominación o privilegio.
Perón sostenía que no puede existir una democracia social sin una base de espiritualidad y ética comunitaria. Francisco retoma esta idea al señalar que la crisis ecológica y social requiere una conversión ética y cultural profunda, tanto a nivel individual como colectivo.
Esta transformación implica revisar los valores que orientan la vida social, reemplazando la lógica del individualismo y del lucro ilimitado por una cultura de la solidaridad y del cuidado de la creación.
Conclusión
El análisis comparado de Laudato Si’, el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional y la Doctrina Social de la Iglesia revela una significativa convergencia doctrinaria en torno a la construcción de una sociedad orientada al bien común.
Frente a una crisis civilizatoria caracterizada por el calentamiento global, la desigualdad estructural y la pérdida de sentido en las sociedades de consumo, estos enfoques proponen una reorganización profunda del desarrollo humano basada en la dignidad de la persona, la justicia social, la responsabilidad ecológica y la solidaridad entre los pueblos.
Lejos de representar tradiciones incompatibles, estas perspectivas configuran un marco conceptual capaz de orientar la reflexión política y social en América Latina hacia la construcción de una civilización del bien común. Ambas hunden sus raíces en la Doctrina Social de la Iglesia.
