Ponencia de Gustavo Vera en el Vaticano sobre restitución de derechos para las víctimas de trata

En la Casina Pio IV en la Ciudad del Vaticano se desarrolló entre el jueves 24 y viernes 25 de febrero un encuentro sobre “Concepciones interculturales de la Felicidad y el Bienestar”; una iniciativa de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, organizado por su Canciller, Monseñor Marcelo Sanchez Sorondo, su Presidente, el Profesor Stefano Zagmani en asociación con la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU (SDSN) que lidera el Profesor Jeffrey Sachs.

Del encuentro participó nuestro compañero y máximo referente, Gustavo Vera, en su carácter de Director del Comité Ejecutivo de Lucha contra la trata y explotación de Personas y para la Protección y Asistencia a las Victimas. En su ponencia hizo hincapié en cómo el proceso de restitución de derechos y el apoyo del Estado a la reconstrucción de un proyecto de vida para quienes fueron víctimas de trata, cambia cualitativamente el ánimo y las expectativas de quienes antes fueron esclavizados y estigmatizados.

Citando al Papa Francisco cuando analiza la parábola del buen Samaritano en el “Fratelli Tutti”, Vera recuerda que lo que define todos los proyectos económicos, sociales, políticos y religiosos de una sociedad es la inclusión o exclusión de quienes sufren al costado del camino y que la salud de las sociedades se mide por sus políticas concretas de inclusión a los excluidos.

PONENCIA COMPLETA DE GUSTAVO VERA

Restitución de derechos para las víctimas de trata

Con la parábola del buen samaritano descrita en el Evangelio de Lucas, Jesús da un ejemplo
práctico de amor al prójimo basado en la caridad y la misericordia, que son dos cualidades esenciales
que nos permiten amar. En este sentido, hacerse presente y atender a los que han sido dejados al
borde del camino es, como dice el Papa Francisco en Fratelli Tutti: “La decisión de incluir o excluir a
los que yacen heridos al borde del camino define todo proyecto económico, político, social y
religioso”.

Sin dudarlo, las víctimas de la trata de personas han sido heridas de todas las formas posibles y
su vida, libertad y dignidad se han visto profunda y gravemente afectadas por ello. En nuestra
sociedad, las víctimas de la trata de seres humanos son claramente los heridos que se dejan al lado
del camino. Por ello, el Papa Francisco afirma una y otra vez que la trata es un crimen contra la
humanidad y que la reparación de las víctimas requiere respuestas que impliquen un desarrollo
humano integral e integrado.

En los últimos 20 años, en casi todo el mundo, se han promulgado leyes contra la trata y la
explotación de personas con el objetivo de proteger y asistir a las víctimas de esta fuente de
vergüenza para la humanidad. Sin embargo, la trata sigue siendo el tercer delito más rentable a
escala mundial, ya que se obtienen más de 150.000 millones de dólares anuales de la trágica
explotación de millones de nuestros hermanos y hermanas.

A pesar de que las convenciones internacionales y la legislación de muchos países establecen que
las víctimas deben ser rescatadas y apoyadas, muy pocos países toman medidas efectivas para
apoyar y ayudar a las sufridas víctimas a reconstruir su proyecto de vida. En definitiva, los países
deberían actuar como el buen samaritano que se preocupa por el sufrimiento humano y es el único
que se preocupa lo suficiente como para detenerse y ayudar a la víctima. En cambio, una sociedad
insana busca la prosperidad, pero da la espalda al sufrimiento.

La mayoría de los países han puesto en marcha mecanismos para ayudar a las víctimas rescatadas,
ofreciéndoles asistencia y refugios transitorios por un tiempo muy corto. Estos mecanismos no
ayudan en absoluto a las víctimas a reconstruir su dignidad, ni a salir de su extrema vulnerabilidad.
Por tanto, hay que empezar a hablar no sólo de protección y asistencia, sino también de restitución
de derechos. En la práctica, esto significa garantizar el acceso a un empleo seguro, a una vivienda y
a un apoyo terapéutico durante el tiempo necesario para reconstruir su dignidad.

La situación que hemos observado en Argentina en los últimos años es, lamentablemente, muy
similar en la mayoría de los países del mundo: las víctimas que han sido rescatadas del delito de
trata de personas vuelven a ser explotadas demasiado pronto tras el fin de esta asistencia
transitoria, precisamente porque los gobiernos no ofrecen políticas públicas para que las víctimas
superen definitivamente su situación de vulnerabilidad y recuperen su dignidad y sus derechos. Es
como si el buen samaritano no hubiera pagado al posadero tras dejar al herido y lo hubiera
abandonado a su suerte.

Desde que comencé a liderar el “Comité Ejecutivo Nacional contra la Trata y Explotación de
Personas” y a velar por la protección y asistencia de las víctimas en Argentina, mi preocupación se
ha centrado en restablecer sus derechos a medio y largo plazo, y en ayudar a reconstruir un proyecto
de vida para quienes han sido humillados por la explotación. He trabajado en políticas públicas que
apuntan a promover un desarrollo humano integral.

Lo primero que puso en marcha nuestra administración fue un Programa Nacional de
Capacitación e Inclusión Laboral, en la órbita del Ministerio de Trabajo. Este programa brinda
formación profesional a las ex víctimas y las ayuda a recuperar su autoestima y a potenciar sus
habilidades para incluirlas en el mercado laboral formal al finalizar el curso de capacitación de un
año. Durante ese año, el Ministerio de Trabajo apoya el proceso de reinserción pagando a las
beneficiarias un salario y proporcionándoles ayuda para completar el programa de formación,
tratamiento terapéutico y atención sanitaria general. Apenas llevamos unos meses de programa y
ya ha demostrado ser muy exitoso, con resultados sorprendentes. Las 30 víctimas de la trata sexual
que se incorporaron a la primera experiencia piloto dicen estar contentas de descubrir sus propias
habilidades, felices de poder aprender un oficio, felices de poder planificar sus vidas libres de
explotación y felices de comenzar a superar sus sentimientos de vulnerabilidad. Como resultado del
éxito de esa primera experiencia piloto, este año se añadirán 750 víctimas de la trata, hasta cubrir
la demanda. Como señaló el profesor Zamagni en su discurso, cuando las víctimas descubren la
capacidad de reconstruir sus vidas, se les devuelve la dignidad como personas. Este es un resultado
que la asistencia a corto plazo siempre no consigue.

En segundo lugar, logramos que las provincias y los municipios se comprometan a garantizar un
empleo estable a las víctimas rescatadas. En este último semestre, dos provincias (Chaco y
Catamarca) y otros 19 municipios han aprobado leyes para garantizar un cupo de reinserción de las
víctimas en el mercado laboral. Esto significa que el 1% de todos los puestos de trabajo disponibles
en los estados provinciales y municipales deben ser adjudicados a ex víctimas. También se promueve
el empleo en el sector privado y las empresas que contratan a víctimas de la trata reciben
importantes exenciones fiscales. Este trabajo se ampliará durante los próximos dos años de nuestra
gestión hasta que las 24 provincias de Argentina estén comprometidas con esta acción, y hasta que
sea normal y habitual que el Estado alivie el sufrimiento de las víctimas de trata asegurando su
capacitación e inclusión laboral y restituyendo sus derechos, comenzando por el empleo regular.

Nuestro tercer objetivo es promulgar un Estatuto Especial de Acceso a la Vivienda para las
víctimas de la trata. Esto significa que todos los institutos y entidades de vivienda en Argentina
deben asegurar un cupo de vivienda para las víctimas. El año pasado firmamos un convenio con el
Ministerio de Vivienda de la Nación, que se extenderá a todas las provincias argentinas a mediados
de marzo. En los últimos dos meses, dos víctimas de la trata sexual consiguieron una vivienda en la
provincia de Formosa. Este caso se ha convertido en un hito en Argentina y nuestro objetivo es
replicarlo en todo el país. Con la vivienda y el trabajo registrado, estamos restituyendo derechos
reales a quienes han sufrido, como hizo el Buen Samaritano al pagar la posada y asegurar que las
heridas de la víctima sanaran.

Nuestro cuarto objetivo no es menos relevante: hemos puesto en marcha un programa de apoyo
terapéutico para las víctimas de la trata, que consiste en asistencia psicológica y psiquiátrica, apoyo
terapéutico, asistencia de trabajadores sociales, etc., durante todo el tiempo que las víctimas lo
necesiten. Esto ayudará a curar con el tiempo el profundo trauma que arrastran estas víctimas y
garantizará el equilibrio emocional que necesitan para mantener un trabajo registrado y un hogar.
Junto con la Dirección de Salud Mental de Argentina, estamos procediendo caso por caso para que
ninguna víctima sea privada de sus derechos, en base a los trastornos emocionales o mentales,
adicciones o traumas que puedan tener como consecuencia de la terrible situación vivida.

Por último, pero no por ello menos importante, desde el gobierno hemos creado un fondo que
gestiona los bienes incautados a las redes de trata por la justicia para que puedan ser utilizados para
compensar económicamente a las víctimas en base a una orden judicial. Por lo tanto, nuestros
objetivos abarcan no sólo el acceso al trabajo, la vivienda o el apoyo terapéutico, sino también una
reparación efectiva y una indemnización real que haga algo más llevadero el espantoso daño que
han sufrido las víctimas.

Como nos enseña Jesús, amar al prójimo es actuar como el buen samaritano; y, en palabras del
Papa Francisco, la forma de actuar con el herido en el costado del camino define todos los proyectos
políticos, económicos y sociales de inclusión o exclusión de una sociedad. Una sociedad fraterna,
basada en el desarrollo humano integral de todos sus miembros y articulada en el amor al prójimo,
comienza por estar presente y atender a los más heridos en la periferia de la mayor vulnerabilidad


Para terminar, me gustaría mencionar algunos testimonios de las beneficiarias del programa que
hemos creado para la formación profesional y la inclusión laboral de las víctimas de la trata. Se trata
de mujeres de entre 19 y 50 años, supervivientes de la trata sexual y, en algunos casos, hijas de
supervivientes. Algunas de ellas seguían ejerciendo la prostitución al inicio del programa, no por
elección sino simplemente porque necesitaban alimentar a sus hijos. En algunos casos, los hijos
desconocían el pasado de su madre y el hecho de que habían sido explotados sexualmente.
Las experiencias que relataron fueron inéditas, al igual que este programa promovido por el Estado.
Dijeron que, por primera vez en sus vidas, habían empezado a vislumbrar oportunidades muy
diferentes a las que habían tenido hasta ahora.


Al principio era obviamente difícil que pudieran conectarse con sus sentimientos, con sus sueños,
con sus habilidades y destrezas dormidas, pero a través del trabajo vivencial, coordinado por
especialistas, trabajando en el aquí y el ahora, incluyendo trabajos de reconocimiento y relajación
corporal, visualizaciones, mapa de sueños, ejercicios para favorecer la autopercepción, el
autoconocimiento, la potenciación de las habilidades “anestesiadas” por estar en situación de
prostitución y sometimiento, un diario donde cada una tiene la posibilidad de escribir sus propias
experiencias en primera persona, sin ser juzgada ni enjuiciada; todo esto es lo que generó un
despertar en cada una de ellas de la posibilidad de reconstruir un proyecto de vida digno, elegido,
no impuesto.


Estos son algunos de sus testimonios a los cuatro meses de iniciado el programa:

“Me di cuenta de que puedo tener un sueño y que puedo cumplirlo”

Puedo estudiar y dar un buen ejemplo a mi hijo

Este taller me da la oportunidad de sentirme acompañada, de sentir que alguien se preocupa por

El dinero de este programa me es útil (en relación con el estipendio que se da durante un año)
pero quiero hacer algo, así que me convertí en contratista independiente y monté mi propio
quiosco

Me gustaría ser alguien en la vida

Tenía miedo de que alguien me cuidara porque no sabía lo que era que me cuidaran”

Antes de este taller no sabía lo que quería, he aprendido muchas cosas sobre mí misma

Puedo empezar a trabajar para conseguir mis sueños como tener una casa, una profesión y ser
feliz, pero lo primero que necesito es un trabajo digno

Saber que hay una luz de esperanza, una alternativa, una posibilidad de conseguir un trabajo digno
que les permita mantener una casa, una familia, los estudios de sus hijos, sin depender de los
subsidios para siempre, sino de unos ingresos generados por sus propios medios: eso es también lo
que nos permite reparar el daño que la prostitución ha generado en sus cuerpos y en sus mentes.

 

Descarga la ponencia completa en pdf

https://laalameda.files.wordpress.com/2022/03/ponencia_vaticano_gustavo_vera.pdf

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