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ni esclavos ni excluidos

REPUDIO. Contra la historia y contra la dignidad: el voto argentino que legitima la cosificación humana

ByLa Alameda

Mar 25, 2026

Declaración de repudio al voto argentino en la ONU


Desde la Fundación La Alameda expresamos nuestro más enérgico repudio al voto del Estado argentino en la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante el cual se rechazó la resolución que declara la trata de africanos esclavizados como el crimen más grave contra la humanidad.

Este posicionamiento no constituye un hecho aislado, sino un grave retroceso ético, histórico y político que contradice la tradición argentina en materia de derechos humanos y lucha contra la trata de personas.

La dignidad humana no se negocia

La negación de la gravedad de la esclavitud implica desconocer el valor sagrado de la dignidad humana. Toda forma de cosificación —sea histórica o contemporánea— representa una ruptura con el principio fundamental de que ninguna persona puede ser tratada como mercancía.

Tal como advierte la encíclica Fratelli tutti, no puede haber fraternidad universal sin reconocimiento pleno del otro como igual. Minimizar la esclavitud es, en definitiva, negar esa fraternidad.

Una tradición histórica traicionada

Argentina fue pionera en la lucha contra la trata con la sanción de la Ley 9143 (Ley Palacios) el 23 de septiembre de 1913, una de las primeras normas en el mundo en combatir este delito, y además víctimas de la trata como Raquel Liberman que fueron claves en desmantelar poderosas redes de trata y explotación.

Durante décadas, nuestro país fue reconocido por organismos multilaterales como uno de los Estados más comprometidos en la prevención, persecución y asistencia a víctimas de trata.

Este voto rompe con esa tradición y coloca a la Argentina en una posición de aislamiento internacional, votando junto a un grupo extremadamente reducido de países y en contra de un consenso global de 123 naciones.

El contexto actual: retrocesos estructurales

El voto del gobierno de Javier Milei no puede analizarse sin considerar el desmantelamiento de políticas públicas destinadas a la contención y asistencia de víctimas de trata.

A esto se suma el impulso de reformas laborales que habilitan la precarización, debilitando derechos básicos y generando condiciones propicias para nuevas formas de explotación. En este marco, se configura un escenario que, lejos de erradicar la trata, facilita su expansión.

La “cultura del descarte” y la continuidad de la explotación

Tal como señala Laudato si’, la cultura del descarte convierte a las personas en objetos prescindibles. La trata de personas —en todas sus formas— responde a esa misma lógica que históricamente sustentó la esclavitud.

Negar el carácter extremo de ese crimen debilita la condena moral hacia las redes actuales de explotación laboral, sexual e infantil, que siguen operando bajo el mismo paradigma de cosificación humana.


Un llamado urgente al Congreso

Si bien el Congreso de la Nación no puede revertir el voto emitido en el ámbito internacional, sí tiene la responsabilidad institucional de ejercer control político.

Por ello, exigimos:
• La interpelación inmediata al Canciller para que explique los fundamentos de esta decisión.
• La aprobación de una declaración formal de repudio, que reafirme el compromiso histórico de la Argentina con los derechos humanos.
• La reconstrucción de políticas públicas integrales para la prevención y asistencia a víctimas de trata.

Conclusión

La grandeza de una nación no se mide por alineamientos coyunturales ni por rechazos ideológicos a consensos internacionales, sino por su compromiso inquebrantable con la dignidad humana.

Negar la esclavitud como el crimen más grave contra la humanidad no solo implica desconocer el pasado, sino también debilitar la lucha contra sus formas contemporáneas.

Argentina debe rectificar este rumbo. No hacerlo significa legitimar, por acción u omisión, las condiciones que permiten que la explotación humana continúe existiendo en el presente.

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