En memoria de Carlos Beizuhn, un imprescindible de la Alameda

En el atardecer del domingo de Pascua, partió a la eternidad nuestro compañero Carlos Beizuhn, con quien compartimos muchos años de lucha en la Alameda. Una enfermedad terminal contra la que luchó varios años se llevó su vida, pero no su obra, por los derechos de los trabajadores y contra toda forma de esclavitud, ni su recuerdo en nuestros corazones.

Lo conocimos cuando era funcionario del gobierno de la Ciudad allá por el 2004 y vino por orden de sus superiores, a convencernos de que había que desalojar el centro comunitario que estaba en disputa entre una orden de desalojo y una ley de expropiación que se ganó ajustadamente 23 a 21 en la legislatura porteña un par de semanas después y contra todos los pronósticos. En esa oportunidad, comprobó con sus propios ojos el enorme trabajo social que realizaba la Alameda que ya empezaba a involucrarse en la defensa de los migrantes que eran esclavizados en talleres clandestinos y comprendió el sentido esencial de nuestra lucha. Desde entonces fue simpatizante de la organización y, a partir del 2007, cuando dejó de ser funcionario del GCBA, fue uno de nuestros abogados y militante de la causa contra la trata y la explotación.

Formó parte del grupo constitutivo de la Fundación Alameda y fue abogado patrocinante en las principales causas judiciales que impulsó la organización contra numerosas marcas que explotaban costureros en talleres clandestinos, empresas que esclavizaban trabajadores en los campos, y centenares de prostíbulos donde había trata y explotación sexual.

Pero además del patrocinio jurídico permanente, fue un gran militante y compañero que realizó numerosas tareas sociales, comunitarias y políticas. Fue uno de los fundadores del Mercado de Economía Solidaria de Bompland, arquitecto de varias de las cooperativas que formaron costureros que eran rescatados de talleres clandestinos y colaboró activamente en la documentación de más de 4000 mil migrantes dentro del programa “Patria Grande”, que se realizó en la sede de la Alameda.

Carlos fue un pilar clave de la Alameda durante más de 15 años, y acompañó incondicionalmente a la organización aún en los circunstancias más precarias y adversas y cuando había que remar contra la corriente. Siempre tuvo fe en la causa de la Alameda, por una sociedad sin esclavos, ni excluidos y enseñó con paciencia a muchos compañeros a mirar estratégicamente el camino y a confiar en que, a la larga, íbamos a dar saltos hacia adelante en nuestra lucha. Su frase de cabecera, que la tomamos como propia es que “el tiempo ordena”, algo muy parecido a lo que años después nos enseñaba el Papa Francisco cuando nos dice que “el tiempo es superior al espacio”.

Mucho le debe la Alameda a su entrega y abnegación por la causa. Acompañamos a su compañera Nancy, a su hijo, y a toda su familia por este doloroso momento, y rezamos con la certeza que Dios reconocerá en Carlos a un buen samaritano y descansará en paz. Estamos seguros de que ahora que estamos comenzando a garantizar derecho al trabajo, a la vivienda, al acompañamiento terapéutico, al patrocinio jurídico a las víctimas de trata, debe estar sonriendo desde el cielo, como cada vez que ganábamos una batalla contra la explotación.

Para recordarlo, queremos compartir con uds. el último reportaje público que le realizaron el 20 de abril del 2020 los compañeros de Bien Común Radio de la Alameda de Rosario:

 

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